La Serie de Cuaresma 2024

Contra La Lujuria, Castidad

Uno de los problemas que más preocupa en la actualidad es el daño que está haciendo la pornografía en los jóvenes (también en los adultos) y el hecho que se tenga acceso a edades cada vez más tempranas.

De allí que cada dos por tres salgan noticias sobre violaciones grupales (las llamadas “manadas”) y todo tipo de aberraciones sexuales a las que lleva la lujuria degradando al ser humano y haciendo que se comporte como una bestia, como un animal.

Actos, todos ellos, que nada tienen que ver con el amor pues reducen a la persona a mero objeto de consumo utilizándola para propia satisfacción y placer personal. No, en vano, la Virgen, en algunas de sus apariciones, ha dado a conocer que los pecados de la “carne” son los que llevan más almas al infierno.

Ya decían los clásicos que Dios ha querido unir un placer intenso a los actos que llevan a la conservación de la vida y a la propagación de la especie. De allí que pueda brotar con vehemencia algunas veces esa tendencia al placer sexual y desmandarse más allá de la finalidad con la que Dios creó la sexualidad. Y es que la sexualidad, Dios la creó para que el varón y la mujer pudieran expresar su amor fiel corporalmente llegando a la unión plena y generar vida. Por eso todo acto sexual que no esté orientado a la unión plena entre varón y mujer, como expresión de amor fiel (por eso debe ser realizado dentro del matrimonio, pues es el contexto en el que el varón y la mujer han manifestado su compromiso de fidelidad) y abierto a la vida es un acto moralmente malo.

Así, pues, podemos definir la lujuria como el apetito desordenado de los placeres sexuales. Y en un sentido profundo, podríamos decir que, así como la avaricia es una especie de codicia que pretende poseer de forma voraz las riquezas, la lujuria es una especie de codicia que pretende poseer sexualmente de forma voraz a las personas. Por eso, la castidad consiste, no en poseer, sino en poseerse para luego poder darse, entregarse libremente (no se puede entregar algo que no se posee).

En este sentido, la castidad o la pureza (el “antídoto” de la lujuria) es la virtud de la templanza aplicada al uso de la sexualidad, es decir, es la virtud que modera la inclinación a los placeres sexuales. Pero la castidad no se limita sólo a contener o refrenar los impulsos sexuales (esto es la continencia). De hecho, una persona que se limitara a reprimir constantemente sus impulsos sexuales no sería una persona feliz. Es cierto que habrá momentos en los que habrá que decir “no” a ciertas miradas (“todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”), pensamientos o actos. Habrá que luchar para ordenar (no suprimir) esa inclinación afectiva e integrarla en el bien de la persona, es decir, encaminarla para que vaya en la misma dirección de lo que Dios está obrando en esa persona llevándola a la santidad, esto es, a la plenitud del amor. Por este motivo, cuando vienen pensamientos que no secundan el plan de Dios en nuestra vida los tratamos como unos “intrusos” que quieren estropear la obra de Dios en nosotros y, por eso, luchamos por rechazarlos.

Por eso, la castidad es una virtud eminentemente positiva; como le gustaba decir a San Josemaría, la castidad “es una afirmación gozosa”: es decir “sí” a Dios, al amor limpio, sincero, bueno, verdadero. Por eso, si bien la castidad forma parte de la virtud de la templanza, también forma parte del amor, porque sin pureza no se puede amar de verdad a una persona; sin pureza no hay verdadero amor. “La pureza es consecuencia del amor con el que hemos entregado al Señor el alma y el cuerpo, las potencias y los sentidos. No es negación, es afirmación gozosa”. Por eso, como dijo Jesús, solo los limpios de corazón verán a Dios (porque Dios es Amor); la pureza te permite tener un corazón lleno de amor verdadero, abierto a la entrega de uno mismo. La pureza da alas al amor. Nos hace libres… es la libertad del amor. Son como alas que nos permiten pasar por este mundo sin quedar enlodados en la impureza. Y es que no hay cosa más pegajosa que la impureza y, por eso, a menudo es tan difícil de desengancharse creando una verdadera cruel esclavitud. De hecho, la impureza causa una gran desgana y fastidio por las cosas de Dios.

En conexión con todo esto es muy importante vivir la virtud del pudor, que nos lleva a proteger y salvaguardar nuestra intimidad corporal de miradas “furtivas”. De allí, la importancia, entre otras cosas, de vestir con decoro como expresión de la virtud del pudor y por respeto a uno mismo y a los demás.

Por último, algunos medios para ayudar a vivir la castidad: guardar la vista, evitar caer en la ociosidad (recordemos el caso del rey David); ofrecer a Dios pequeños sacrificios corporales; acudir a la Virgen María y a San José; acudir a la Confesión frecuente y a la Eucaristía; la oración personal,…

LOS 7 PECADOS CAPITALES

En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual. 

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...