La serie de CUARESMA

LOS 7 PECADOS CAPITALES

En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual. Como guía en nuestro viaje hacia la Pascua, exploraremos los pecados capitales y sus antídotos, reconociendo su influencia en nuestras vidas y cómo podemos superarlos con la gracia de Dios. Los pecados capitales, arraigados en la naturaleza humana, nos alejan de la presencia divina y nos sumergen en la oscuridad del egoísmo y la discordia. Reconocer estas tendencias es el primer paso hacia la transformación interior. A través de esta serie de artículos, examinaremos cada uno de los siete pecados capitales: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza.

Nos sumergiremos en la sabiduría milenaria de la Iglesia, que nos enseña cómo cultivar virtudes contrarias a estos vicios. La humildad frente a la soberbia, la generosidad frente a la avaricia, la castidad frente a la lujuria: estas virtudes nos fortalecen y nos llevan más cerca de Dios.En cada entrega semanal, exploraremos la lucha espiritual contra estos obstáculos y cómo podemos superarlos con la ayuda de la gracia divina. Que este tiempo de Cuaresma sea para nosotros un período de crecimiento espiritual y renovación interior, donde podamos dejar atrás nuestros pecados y abrazar la plenitud de la vida en Cristo.

Que Dios nos guíe y nos bendiga abundantemente en este viaje espiritual.

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...

Contra La Gula, Templanza

Seguramente, muchos de los momentos agradables de nuestra vida que han quedado almacenados en nuestra memoria han tenido lugar alrededor de una mesa: con motivo de una boda o de una 1ª Comunión; de fiestas populares como la noche de San Juan;

Contra La Envidia, Caridad

“Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” afirma el libro de la Sabiduría. Y podemos suponer que fue cuando el diablo conoció, y no pudo soportar, que Dios quisiera favorecer tanto a los hombres, siendo de una naturaleza tan inferior a la suya.

Contra La Lujuria, Castidad

Uno de los problemas que más preocupa en la actualidad es el daño que está haciendo la pornografía en los jóvenes (también en los adultos) y el hecho que se tenga acceso a edades cada vez más tempranas.

Contra la Avaricia, Generosidad

Un día el profeta Natán le contó una parábola al rey David: “había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado.

Contra La Soberbia, Humildad

El soberbio dragón, Satanás, con esa tentación primordial del “seréis como dioses” inyectó en todas nuestras potencias humanas el veneno de la soberbia de tal modo que apenas hay alguna acción nuestra que no lleve con ella el vapor de la soberbia

La Pereza

En primer lugar, nos adentramos en el análisis del último de los 7 pecados capitales: la pereza. A menudo subestimada, es un “virus silencioso” que debemos vencer.

Los pecados capitales hacen referencia a aquellas tendencias que hay en nosotros que nos inclinan a obrar el mal y que, por repetición de actos malos, se convierten en hábitos. A estos hábitos malos los llamamos vicios; vicios que nos llevan a cometer pecados. Clásicamente se ha hablado siempre de 7 vicios que son los 7 pecados capitales: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza.

Y se llaman capitales porque están a la cabeza de muchos otros pecados; cada uno de estos 7 pecados capitales lleva detrás de si a otros muchos pecados. Por ejemplo, con la ira pueden venir también el rencor, el insulto, la riña,…; la avaricia puede llevar consigo la indiferencia hacia los pobres, el fraude, la violencia,…

De hecho, siempre que pienso en los 7 pecados capitales me viene a la mente la imagen de un hombre que sale a pasear a 7 perros rabiosos que tiran fuertemente del amo porque desean llegar cuanto antes al bosque donde serán soltados y podrán ir a sus anchas. Si durante el camino, este hombre viera que los perros tiran con tanta fuerza de él como para hacerle caer al suelo, podría en el último momento soltar la correa y evitar así caer al suelo y hacerse daño.

Pero en el caso de los 7 pecados capitales no es posible “soltar la correa” pues los llevamos siempre con nosotros y hay que reconocer que no pocas veces “tiran” de nosotros con tanta fuerza que más de una y de dos veces nos han tirado al suelo y nos han arrastrado un buen rato produciendo más o menos graves heridas en nuestra alma.

Es verdad que no todos estos “perros rabiosos”, que son los pecados capitales, “tiran” de nosotros con la misma intensidad y todo el tiempo. Siempre hay alguno que “tira” más que los otros, que tiene más fuerza en nosotros (puede ser uno o varios). ¿Sabes identificar cuál de los 7 pecados capitales ejerce una mayor fuerza en ti? ¿Sabes cuál de ellos es tu “talón de Aquiles”?

La pregunta que se nos plantea es: ¿qué debo hacer para luchar contra ellos? Lo que está claro es que no nos podemos pasar la vida luchando contra ellos a base de “fuerza de voluntad” tirando con fuerza en sentido contrario y tener la

esperanza de poder vencerlos continuamente, pues eso sería agotador y, en cierto sentido, desilusionante, pues pasar la vida yendo a contrapelo no es vida y mucho menos vida en plenitud. Entonces, ¿qué hacer?, ¿cuál es la solución?

“Domesticarlos” de modo que dejen de ser “perros rabiosos” y pasen a ser “perros obedientes”. Y esto se consigue con el ejercicio de las virtudes contrarias a estos vicios.

Por eso siempre se ha dicho que: contra la soberbia, humildad; contra la avaricia, generosidad; contra la lujuria, castidad; contra la ira, paciencia; contra la gula, templanza; contra la envidia, caridad; contra la pereza, diligencia.

Estas virtudes (humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad, diligencia), como toda virtud, se adquieren a base de repetición de actos buenos de modo que éstos nos van proporcionando esa “musculatura” interior que permite vencer esa “flojera” moral hacia el bien y fácil desviación hacia el mal a la que nos llevan los vicios.

Pero las virtudes, además y más importante que proporcionarnos esa “musculatura” necesaria para hacer el bien (equivaldría a tener el brazo, que sostiene la correa, más fuerte), las virtudes educan y encauzan hacia el bien esas tendencias que hay en nosotros que muchas veces nos inclinan hacia el mal, haciendo que también ellas quieran el bien, dándonos facilidad para obrar el bien. Y es precisamente así como convertimos esas tendencias en nuestras aliadas y no en nuestras enemigas; es precisamente así como conseguimos “domesticar” a esos “perros rabiosos” para que se conviertan en “perros obedientes y dóciles” que nos ayuden y “tiren” en la misma dirección que queremos, esto es, hacia lo que es bueno.

Así, uno consigue hacer el bien no solo porque hay que hacerlo a base de “fuerza de voluntad” si no porque quiere hacer el bien. De esta forma nos disponemos con todo nuestro ser a amar el bien y, en nuestro caso, el Sumo Bien, que es Dios.

En los próximos artículos trataremos sobre cada uno de los pecados capitales en particular y también sobre su “antídoto”.