La Serie de Cuaresma 2024

Contra La Ira, Paciencia

¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?

Y es que la ira la experimentamos muchas veces como una reacción de irritación y rabia ante algo que nos molesta enormemente en un momento puntual. Podríamos decir que en esos momentos experimentamos movimientos espontáneos de ira que proceden de un mal humor circunstancial. Más frecuentes son estas experiencias de ira momentánea en aquellos que tienen un temperamento colérico. Pero no hay que desanimarse… San Francisco de Sales, que era de temperamento colérico, ha pasado a la historia como “el santo de la dulzura”. Y es que trabajó duro para adquirir la virtud de la mansedumbre, que lleva a moderar los arrebatos de cólera, a ser pacífico.

En estos casos de ira puntual pero intensa hay que ir con mucho cuidado y saber “morderse la lengua” (pienso especialmente en discusiones dentro del matrimonio en las que se va subiendo de tono) pues, habiendo perdido el control y totalmente dominado por la ira, se pueden llegar a decir cosas a la otra persona de las que luego uno se arrepentirá. Y se pueden llegar a provocar heridas muy profundas que luego serán muy difíciles de curar. Un momento de ira puede destruir muchas cosas, cosas que se han ido construido con los años.

Ya en la carta de Santiago se advierte del potencial demoledor que tiene lo que sale por nuestra boca: “¡Mirad qué poco fuego basta para quemar un gran bosque! Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad…ningún hombre es capaz de domar su lengua. Es un mal inquieto y está lleno de veneno mortífero”. Y en la misma carta se afirma que “si alguno se considera religioso y no refrena su lengua, sino que engaña a su corazón, su religiosidad es vana”.

Pero más allá de estos momentos puntuales en los que sentimos intensamente la ira (que puede incendiarse en forma de furia intensa), también podemos experimentar la ira ante un mal presente y que va a llevar tiempo y esfuerzo deshacernos de él. Es el caso, por ejemplo, de las dificultades o contrariedades de la vida, sufrimientos y enfermedades pesadas y de larga duración. Son momentos en los que hemos de tener paciencia. Y he aquí el antídoto contra la ira: la paciencia, que forma parte de la virtud de la fortaleza, la cual consta de dos actos: atacar y resistir. La paciencia se inscribe dentro de este “resistir”. En este sentido, la paciencia es la virtud que nos inclina a soportar las dificultades sin que sucumbamos a la tristeza ni al abatimiento y nos fortalece para mantenernos firmes en el camino del bien sin dejarnos abatir por el desaliento.

Normalmente, cuando nos dicen que tenemos que tener paciencia ante una determinada situación adversa lo percibimos como una derrota. Esta percepción, quizás, puede estar motivada por el hecho que hoy en día, debido a las nuevas tecnologías, lo queremos todo al instante. Y cuando no lo conseguimos al momento nos frustramos… lo vivimos como una derrota. Pero la paciencia es una virtud y, por lo tanto, algo bueno, positivo; es victoria. Ser paciente es estar “vivo”, es pasar por esa situación adversa en “modo esperanza” hasta conseguir la victoria; es vivir en positivo aquel mal que uno esta sufriendo o ese bien que es arduo y costoso de conseguir (la conversión de una persona querida) sin que caigamos en la tristeza ni en la amargura.

Sí. Hay que trabajar la virtud de la paciencia. Y ser paciente cuando tienes prisa y te encuentras con un atasco; cuando tienes prisa y te “asalta” una persona en el momento más inoportuno (no significa que tengas que atenderla en ese momento pero sí que, sin perder la amabilidad y afabilidad, pospongas la conversación para otro momento). Ser paciente, en casa, con el cónyuge y con los hijos, cuando uno ve que a pesar de los múltiples avisos y correcciones que ya ha hecho en otras ocasiones no hay mucha mejora en ese sentido. Cambiar, mejorar siempre cuesta y requiere tiempo (pero no por eso, desistir).

Solo hay que pensar la infinita paciencia que tuvo Jesús con sus discípulos que, a pesar de estar tanto tiempo con Él, todavía no comprendían. O con las personas que iban a buscarle por cualquier razón y en cualquier momento. Aunque el más hermoso ejemplo de mansedumbre y paciencia que nos a dejado Jesús es cuando, camino del Calvario, con la pesada Cruz a cuestas (después de todo lo que sufrió en Getsemaní, en la cárcel toda la noche, con la terrible flagelación y la cruel corona de espinas), le llovieron insultos, salivazos, gritos, empujones,… y Él “como cordero llevado al matadero ni tan solo abrió la boca”: “Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

LOS 7 PECADOS CAPITALES

En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual. 

Contra La Gula, Templanza

Contra La Gula, Templanza

Seguramente, muchos de los momentos agradables de nuestra vida que han quedado almacenados en nuestra memoria han tenido lugar alrededor de una mesa: con motivo de una boda o de una 1ª Comunión; de fiestas populares como la noche de San Juan;