La Serie de Cuaresma 2024

Contra La Gula, Templanza

Seguramente, muchos de los momentos agradables de nuestra vida que han quedado almacenados en nuestra memoria han tenido lugar alrededor de una mesa: con motivo de una boda o de una 1ª Comunión; de fiestas populares como la noche de San Juan; comidas familiares de domingo o con motivo de celebrar el aniversario de alguien,…

Y es que, ¿quién no ha disfrutado de un buen chuletón con su copa de vino o de una cerveza fresca en verano o de un helado? El mismo Jesús disfrutó de los manjares y bebidas que se servían cuando era invitado a casa de alguien hasta el punto que sus detractores, maliciosamente, lo señalaron como un “comilón y bebedor” que “se sienta a la mesa con publicanos y pecadores”.

 

Y sin olvidar que su primer milagro fue convertir el agua en vino en el contexto de una boda. ¿Cómo no alzar a Dios una oración de bendición y acción de gracias por los frutos de la tierra que Él, con su Providencia, nos provee continuamente a pesar de nuestros olvidos, ingratitudes y pecados?

Y es que, como ya dijimos en el caso de la lujuria, Dios ha querido unir un placer o deleite en aquellas acciones que son necesarias para la conservación (y propagación) del individuo o de la especie y, en el caso que nos ocupa, Dios ha puesto en los alimentos la virtud de producir un placer en el sentido del gusto precisamente con la finalidad de ayudar al hombre a realizar la acción de comer y beber para su sustento y conservación como individuo y especie. Y sentir este placer o deleite no supone ninguna imperfección o pecado; es más, no sentirlo sería una deformidad fisiológica.

El punto en cuestión está en que, debido a que este placer o deleite puede ser muy intenso, puede desmandarse más allá de los límites de lo justo y razonable substrayéndose al control de la razón y tender, por su propia inclinación, hacia lo desordenado e ilícito; pues los alimentos, Dios nos los da para nuestro sustento y conservación, y cuando han realizado su función cesa la causa de su necesidad e ingestión. En este sentido, es justo dar al cuerpo lo necesario para subsistir pero si le damos más de lo necesario entonces los apetitos, como niños malcriados, empiezan a exigir más y más sometiéndonos a esclavitud y haciendo descarrilar la finalidad con que Dios nos da los alimentos y llegando a provocar daños en nuestra salud y enfermedades varias. De hecho, si la avaricia, como ya dijimos, es como una especie de codicia que pretende poseer de forma voraz lasriquezas y la lujuria poseer sexualmente de forma voraz a las personas, la gula es una especie de codicia que pretender poseer e ingerir de forma voraz alimentos.

Por eso hay que ejercer la virtud de la templanza que modera la inclinación a los placeres sensibles, especialmente del tacto y del gusto, conteniéndola dentro de los límites de lo razonable. La templanza en el comer se llama abstinencia, virtud que nos inclina a usar moderadamente de los alimentos corporales según el dictamen de la recta razón. Y su vicio opuesto es la gula, esto es, el apetito desordenado de comer. La templanza en el beber se llama sobriedad, y tiene por objeto moderar, de acuerdo con la recta razón, el uso de bebidas alcohólicas. Su vicio opuesto es la embriaguez que consiste en el exceso voluntario en las bebidas alcohólicas por el mero placer hasta la privación del uso de la razón.

Algunas manifestaciones de la gula (y embriaguez) son: comer o beber en exceso, más de lo que el cuerpo necesita; comer “devorando”; comer entre horas sin necesidad; comer cierta clase de comida sabiendo que daña la salud; fomentar y exigir manjares exquisitos o preparados con excesivo refinamiento; consumir bebidas alcohólicas hasta perder el uso de razón.

Algunas consecuencias que se derivan de la gula y embriaguez: torpeza o estupidez del entendimiento; desordenada alegría (sobre todo por la bebida) de la que se siguen grandes imprudencias; locuacidad excesiva, en la que no faltará pecado, como afirma el libro de los Proverbios; chabacanería y ordinariez en las palabras y en los gestos; lujuria (los placeres de la mesa preparan los de la lujuria); desgana y fastidio por las cosas espirituales.

Algunas sugerencias para evitar la gula y embriaguez: bendecir la mesa y dar gracias a Dios al acabar (ayuda a rectificar la intención con la que se come dirigiéndola a cumplir la voluntad de Dios en satisfacer nuestras necesidades corporales); hacer pequeños sacrificios y ofrecérselos a Dios por amor como, por ejemplo, en alguna ocasión no comer pan o no tomar postre o café, comer más de lo que no me gusta, dejar los mejores trozos para los demás,… pero, sobre todo, dentro de los límites de lo razonable, tanto si me estoy de tomar aquello que me apetece en ese momento como si no me estoy, hacerlo con plena libertad de espíritu, porque me da la gana dando gloria a Dios si lo he tomado o ofreciéndolo para mayor gloria de Dios si no lo he tomado.

 

¡Siempre disfrutando!

LOS 7 PECADOS CAPITALES

En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual. 

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...