La serie de CUARESMA
Contra La Soberbia, Humildad
El soberbio dragón, Satanás, con esa tentación primordial del “seréis como dioses” inyectó en todas nuestras potencias humanas el veneno de la soberbia de tal modo que apenas hay alguna acción nuestra que no lleve con ella el vapor de la soberbia.
El diablo, con la soberbia, quiso llevar al hombre a prescindir de Dios, a verlo como Alguien que limitaba su libertad e impedía que alcanzara su verdadera grandeza; que el hombre pudiera decir con palabras del salmo 2: “rompamos sus ataduras, sacudamos lejos de nosotros su yugo”.
En este sentido, se puede definir la soberbia como “el amor desordenado de la propia excelencia” que lleva a que uno se vea a sí mismo “aumentado”. Por eso, como muy bien observa San Agustín: “la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.
La soberbia, como les pasaba a los fariseos y de lo que tanto se lamentó Jesús, es un engreimiento general que lleva a la presunción ante Dios, pues les llevaba a no ver que necesitaban de Dios pues ya cumplían con la Ley y, lo único que tendría que hacer Dios, como algo debido, es premiarles con la salvación.
Y esta presunción lleva a despreciar a los demás mirándolos “por encima del hombro”, a juzgarlos despectivamente desde la atalaya de nuestra soberbia, a tratarlos con altanería, con burlas, humillándolos. En este sentido, una de las fórmulas que recoge el Ritual de Bautismo para la “renuncia y profesión de fe” es: ¿Renunciáis a los criterios y comportamientos que llevan a: creerse los mejores; verse siempre superiores; creerse ya convertidos del todo;…? Y es que el soberbio, en su altivez, no puede sufrir y se violenta cuando alguien puede aventajarle en algo y, de allí, la envidia y el odio que nace en su corazón, pues no puede sufrir estar por debajo de nadie, tanto es su orgullo y amor propio.
La soberbia, entre otras cosas, lleva a la vanagloria, esto es, a la búsqueda del aplauso y el reconocimiento ajenos como hacían los fariseos, de los que Jesús afirmaba que “todo lo que hacen es para que los vea la gente”. ¡Cuántas veces también nosotros, quizás no siempre de una forma muy consciente, hacemos las cosas para ser vistos y recibir palabras de reconocimiento y admiración! Por eso, cuando alguien nos hace una observación sobre algún defecto o nos corrige nos enfadamos, tendemos a no reconocerlo o a poner excusas y nos sentimos heridos en nuestra honra. Y es que la vanagloria lleva a querer ser el centro de atención y estimación de todos y, por lo tanto, a no querer quedar mal.
¿Dónde la radica el problema del soberbio? En la falta de conocimiento propio que le lleva a apropiarse, con jactancia, de todo lo que ha recibido como si se lo hubiera dado él a sí mismo. En cambio, el humilde (he aquí el antídoto contra la soberbia: la humildad), sabe que todo lo que tiene (talentos, dones, gracias,…) le ha sido dado por Dios. Pues, como dice San Pablo, ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te engríes? Por eso, la actitud del humilde es de constante agradecimiento a Dios por todo lo que, sin merecerlo, le es dado por Dios. Y lo que procurará con todas sus fuerzas, contando con su propia pequeñez, es hacer fructificar todo lo que ha recibido para mayor gloria de Dios (sabiendo que, como dice San Pablo, el “incremento” lo da también Dios).
Una manifestación de soberbia espiritual se da cuando, al pecar, uno se enfada o se entristece, pero no porque ha ofendido y herido a Dios, sino porque no ha estado a la altura. En cambio, el humilde se sorprende de que no caiga más veces sintiéndose tan débil y pequeño. Y, también, si de algo se sorprende el humilde no es de que Dios no le dé más que a los demás, sino de por qué no le quita lo poco que tiene, pues tiene la sensación que lo hace rendir poco y que otro, en su lugar, haría mucho más que él.
En algún sitio escuché que el peor enemigo en el matrimonio es la soberbia, pues es la que impide ese gesto tan costoso pero a la vez tan bonito de perdonar y pedir perdón. Y es que las heridas que se hacen los cónyuges tienden a endurecer su corazón y cerrarlo al perdón con lo que la distancia interior entre ellos se va haciendo cada vez más grande. Para parar esta dinámica nada mejor que tener la humildad de pedir perdón y la grandeza de corazón para perdonar.
Una cosa que, en el hogar, ayuda a “bajar” la soberbia y a ser humildes es hacer las tareas más humildes y desagradables de la casa como “hacer los baños”, lavar los platos, sacar la basura,… ¿No es acaso un bello ejemplo el que nos dio Jesús lavando los pies a sus discípulos durante la Última Cena? ¿O mejor aún, cuando en Navidad, contemplamos a Dios hecho bebé de la Virgen María, aquella en quien Dios se fijó en su pequeñez?
LOS 7 PECADOS CAPITALES
En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual.
Contra La Ira, Paciencia
Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...
Contra la Avaricia, Generosidad
Un día el profeta Natán le contó una parábola al rey David: “había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado.
Contra La Lujuria, Castidad
Uno de los problemas que más preocupa en la actualidad es el daño que está haciendo la pornografía en los jóvenes (también en los adultos) y el hecho que se tenga acceso a edades cada vez más tempranas.
Contra La Envidia, Caridad
“Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” afirma el libro de la Sabiduría. Y podemos suponer que fue cuando el diablo conoció, y no pudo soportar, que Dios quisiera favorecer tanto a los hombres, siendo de una naturaleza tan inferior a la suya.
Contra La Gula, Templanza
Seguramente, muchos de los momentos agradables de nuestra vida que han quedado almacenados en nuestra memoria han tenido lugar alrededor de una mesa: con motivo de una boda o de una 1ª Comunión; de fiestas populares como la noche de San Juan;
Contra La Ira, Paciencia
Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...






