La Serie de Cuaresma 2024

Contra La Envidia, Caridad

“Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” afirma el libro de la Sabiduría. Y podemos suponer que fue cuando el diablo conoció, y no pudo soportar, que Dios quisiera favorecer tanto a los hombres, siendo de una naturaleza tan inferior a la suya.

Así que se rebeló contra Dios y quiso arruinar los planes de Dios para con el hombre haciendo que el hombre pecara, creyendo que así Dios retiraría todos los dones con que quería favorecer al hombre.

Pero “el tiro le salió por la culata”, pues aunque por el pecado del hombre se introdujo el mal en el mundo (con consecuencias nefastas como la aparición de la muerte, los dolores, la fatiga,…), Dios no sólo no dejó de querer favorecer al hombre sino que esta culpa le supuso al hombre obtener bienes más grandes: la venida del Dios-hombre, nuestro Redentor: Jesucristo, destruyendo así las obras del diablo y haciendo participar al hombre de la naturaleza divina haciéndolo en unión con Él, hijo de Dios. De allí esa famosa expresión que se reza en el pregón pascual: “Oh feliz culpa que nos mereció tan gran Redentor”.

Por esta razón, San Agustín calificaba la envidia como el “pecado diabólico por excelencia”. Y por desgracia este pecado empezó a hacer su aparición en los albores de la creación del hombre cuando Caín, por la envidia que sentía hacia su hermano Abel porque las ofrendas de éste eran del agrado de Dios y no así las suyas, llenándose de ira y de tristeza, decidió matar a su hermano.

Y los hijos de Jacob tuvieron envidia de su hermano José por ser el preferido de su padre, y esa envidia les llevó a querer matar a su hermano aunque al final decidieron venderlo como esclavo a un grupo de ismaelitas y decirle a su padre, Jacob, que una fiera lo había matado. También hay aquel episodio en que volviendo de una campaña militar el rey Saúl y David (por aquel entonces soldado a las órdenes de Saúl), salieron las mujeres a recibirlos cantando: “Saúl ha matado a mil; David a diez mil”.

A partir de entonces Saúl empezó a mirar con “mal ojo” a David y, en una ocasión, en la que David estaba tocando la lira quiso Saúl matarlo lanzándole una lanza. Y precisamente el original griego de la palabra envidia es “ojo malo”. Y tener un “ojo malo” es tener un “corazón malo”. Aquí me viene a la mente el hecho de que hay personas que, por envidia, recurren a la brujería para echar un “mal de ojo” a la persona que envidian (en muchos casos, por celos, que viene a ser como una especia de envidia emocional.

En este sentido, el envidioso es incapaz de ver al otro con “buenos ojos”, de reconocer la bondad que hay en el corazón del otro. El envidioso es incapaz de alegrarse por el bien del otro, cuando al otro le van bien las cosas, progresa y recibe beneficios que él no. Es más, cuando al otro les sucede algo malo, aunque por fuera se solidarice con él y le exprese su pesar por lo sucedido, el envidioso experimenta una secreta y maliciosa alegría en su interior. De aquí que, clásicamente, se haya definido la envidia como una especie de “tristeza del bien ajeno, que se considera como un mal para nosotros, en cuanto que rebaja nuestra gloria y excelencia”.

La envidia es como un virus escondido y silencioso que se va infiltrando en nuestra alma contaminándola con el veneno del odio. Se nos puede meter la envidia a causa de cosas materiales porque, por ejemplo, el otro tiene un coche mejor, es más guapo/a, más inteligente, le van mejor las cosas a nivel profesional, familiar; pero también podemos experimentar envidia a nivel espiritual (porque tiene más dones, más gracias). En este sentido no solo daña la relación con el prójimo sino también la relación con Dios porque, en último término, la culpa de todo la tiene Dios que le ha dado más a éste que a mí. En el fondo, es como una sorberbia resentida por no poder ser el primero, no sobresalir, ni destacar y que tengan que ser otros los que lo hagan. Por eso, a veces, la causa que está en la raíz de nuestras críticas es la envidia. En el fondo, y quizá sin darnos del todo cuenta, la causa que nos lleva a criticar es la envidia.

Por eso… contra la envidia, caridad. Pues la caridad nos lleva a mirar con “buenos ojos” a los demás, a tener una buena disposición habitual hacia lo que viene del prójimo, sensibilidad hacia los dones de los demás sin comparaciones ni rivalidades, alegrándonos por sus éxitos y por las cosas que tienen. Y es que la caridad consiste en querer al otro y querer el bien del otro. Por eso, la caridad nos lleva a alegrarnos por los demás cuando les van bien las cosas y a entristecernos cuando no les van bien; como San Pablo que movido por la caridad se hizo “todo para todos para ganar a algunos” y “¿quién desfallece sin que yo desfallezca?”; ¿quien tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor?”. La caridad ha de llevarnos a tener un corazón grande como el del Señor que daba a manos llenas; que, sin envidia, nos ha dado tanto que Él mismo afirmó que “el que cree en Mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores” .

LOS 7 PECADOS CAPITALES

En este tiempo sagrado de Cuaresma, nos sumergimos en un período de reflexión y renovación espiritual. 

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia

Contra La Ira, Paciencia¿Quién no ha sentido nunca ni se ha dejado llevar por un arrebato de ira? ¿Quién no ha experimentado en algún momento cómo se iba encendiendo por dentro hasta que al final no ha podido aguantar más y ha estallado?[dsm_button...